La década pasada estaba en sus últimos años cuando, una noche, me topé en Instagram con la cuenta y me llamó mucho la atención su concepto artístico. Pensé que mi estilo podría ser un gran aporte la verdad, y les escribí un mensaje muy animado para probar suerte, al que pronto me respondieron algo así como: “estamos justos”. ¿“Estamos justos”? Ellos se lo perdían.
Pasaron unos meses, al menos 12, cuando en mi bandeja de entrada apareció el mensaje, eran ellos, pidiéndome que les diera una oportunidad. La situación me conmovió obviamente, todos cometemos errores, y acepté una reunión virtual donde
concretamos mi ingreso, y mi primera misión: ilustrar 30 personajes en tres días.
Nunca antes había cobrado por mi arte, no sabía cómo hacerlo, y se me ocurrió la brillante idea de consultarle a alguien que
seguramente sabría: agradezco a Genzo por los consejos que me dio, sin conocernos, y siendo yo un simple aleatorio de Instagram.
Luego de tres días sin comer ni dormir, nos comenzamos a dar cuenta de que vendrían algunos retrasos con la producción del juego, no mucho, solo un par de años. Lo que resultó ser bastante positivo para el resultado final de los personajes, ya que pudimos rediseñar varios de ellos.
El objetivo siempre es llegar a los mejores resultados en diseño, visión que compartimos con el resto del equipo y con Magus, a quien agradezco la libertad creativa que me ha dado desde el primer día.

Aquí, sobre lo que me compete, soy intransigente. Valoro una idea original, me sobran dedos de una mano para
contar a los ilustradores que respeto: Mai Sinestra y Paulitarte, y me costaría pensar en muchos más para mencionar.
Bajo cada piedra que se levanta hay uno bueno, dos decentes, 47 que hacen solo fanart o arte furro, y los otros 50 son simplemente desechables. Si hay una cosa que respeto es el arte, y cuando vienen estos autodenominados “ilustradores” desesperados por vender y mostrar sus desgracias, cobrando por un trabajo mucho más de lo que realmente vale, es para mí un insulto al arte, a sus clientes (que por decir lo menos no tienen ningún tipo de buen gusto) y, sobretodo, a ellos mismos, aunque esto último parece ser de lo menos importante. Volviendo al punto, es así como hemos logrado hacer encajar mi
presencia y estilo en este gran proyecto que, definitivamente, tiene mucho que entregar aún. Y bueno, respecto a mí y a la calidad de mi trabajo, será el lápiz el que hable por mí.